Bien, esta canción es de esas románticas que te hacen vibrar como si fuereas fideos.
Es muy emotiva y cuenta una historia conmovedora.
Se llama Ella y El, y es de Susana Zabaleta, una de mis cantantes mexicanas favoritas.
Y lo mejor, es que como telón de fondo, en esta canción suena el Canon de Pachelbel, sé que es un tema que ya ha sido usadísimo en diversas ocasiones, y que a veces ya lo escuchamos hasta en el baño. Pero el arreglo que se le dió para esta canción realmente quedó muy bien.
Espero que tengan oportunidad de escucharla.
Les dejo aquí el link: http://www.youtube.com/watch?v=WaF66g0Ew8Q
Y bueno, aquí la letra.
Enjoy it!
ELLA Y EL
Ella es de las chicas que no quieren, que no dan
que tienen miedo que las vayan a engañar
que no te dejan si no te conocen bien
que no aceptan compromisos por temor a fracasar.
En cambio él, solo busca placer,
solo busca algo que hacer
y ahora es ella la que atravesó su ser,
su gran deber de disfrutar
y demostrarle a los demas
que si se puede, que esta niña es otra mas ...
Y ella mira asustada la copa que tiene en sus manos,
la mueve un poco y observa,
se pone pálida cuando él la mira a los ojos,
y bebe un poco;
más solo un poco pues aún tiene la esperanza
de encontrarlo ahora si, ahora si ...
Ella tiene miedo de perder esta ocasión,
de enamorarse y cumplir ya su ilusión,
de descansar al fin y ser amada bien
por un hombre de principios, uno de su condición.
En cambio el, ahora piensa en rozar
gentilmente su piel
deslizando una rosa en el mantel,
para empezar un juego que termine bien
poco a poco y sin querer
y asi darle lo que quiere una mujer
Y ella mira asustada la flor que acaricia sus manos
y tiembla un poco
y observa, se pone pálida cuando el le acerca su boca
y duda un poco;
más solo un poco pues aún tiene la esperanza
de encontrarlo ahora si,
ahora si, ahora si...
Alta Cocina
Bueno, esto realmente no necesita ningún tipo de presentación.
Es excelente. Un escrito enfermizo y perturbador de la mente de Amparo Dávila, una escritora que, desgraciadamente no es muy conocida, pero que tiene cuentos que valen mucho la pena.
Esta escritora es de las pocas que ha hecho su género a base de historias macabras en las que abundan seres malignos y atmósferas desesperantes.
Perfecta, y éste, llamado Alta Cocina es mi favorito.
Vale, se los dejo aquí.
ALTA COCINA
Cuando oigo la lluvia en las ventanas vuelvo a escuchar sus gritos. Aquellos gritos que se me pagaban a la piel como si fueran ventosas. Subían de tono a medida que la olla se calentaba y el agua empezaba a hervir. También veo sus ojos, unas pequeñas cuentas negras que se les salían de las órbitas cuando se estaban cociendo. Nacían en tiempo de lluvia, en las huertas. Escondidos entre las hojas, adheridos a los tallos, o entre la hierba húmeda. De allí los arrancaban para venderlos, y los vendían bien caros. A tres por cinco centavos regularmente y, cuando había muchos, a quince centavos la docena. En mi casa se compraban dos pesos cada semana, por ser el platillo obligado de los domingos y, con más frecuencia, si había invitados a comer. Con este guiso mi familia agasajaba a las visitas distinguidas o a las muy apreciadas. “No se pueden comer mejor preparados en ningún otro sitio”, solía decir mi madre, llena de orgullo, cuando elogiaban el platillo. Recuerdo la sombría cocina y la olla donde los cocinaban, preparada y curtida por un viejo cocinero francés; la cuchara de madera muy oscurecida por el uso y a la cocinera, gorda, despiadada, implacable ante el dolor. Aquellos gritos desgarradores no la conmovían, seguía utilizando el fogón, soplando las brasas como si nada pasara. Desde mi cuarto del desván los oía chillar. Siempre llovía. Sus gritos llegaban mezclados con el ruidos de la lluvia. No morían pronto. Su agonía se prolongaba interminablemente. Yo pasaba todo ese tiempo encerrado en mi cuarto con la almohada sobre la cabeza, pero aun así los oía. Cuando despertaba, a medianoche, volvía a escucharlos. Nunca supe si aún estaban vivos, o si sus gritos se habían quedado dentro de mí, en mi cabeza, en mis oídos, fuera y dentro, martillando, desgarrando todo mi ser. A veces veía cientos de pequeños ojos pegados al cristal goteante de las ventanas. Cientos de ojos redondos y negros. Ojos brillantes, húmedos de llanto, que imploraban misericordia. Pero no había misericordia en aquella casa. Nadie se conmovía ante aquella crueldad. Sus ojos y sus gritos me seguían y, me siguen aún, a todas partes. Algunas veces me mandaron a comprarlos; yo siempre regresaba sin ellos asegurando que no había encontrado nada. Un día sospecharon de mí y nunca más fui enviado. Iba entonces la cocinera. Ella volvía con la cubeta llena, yo la miraba con el desprecio con que se puede mirar al más cruel verdugo, ella fruncía la chata nariz y soplaba desdeñosa. Su preparación resultaba ser una cosa muy complicada y tomaba tiempo. Primero los colocaban en un cajón con pasto y les daban una hierba rara que ellos comían, al parecer con mucho agrado, y que les servía de purgante. Allí pasaban un día. Al siguiente los bañaban cuidadosamente para no lastimarlos, los secaban y los metían en la olla llena de agua fría, hierbas de olor y especias, vinagre y sal. Cuando el agua se iba calentando empezaban a chillar, a chillar, a chillar… Chillaban a veces como niños recién nacidos, como ratones aplastados, como murciélagos, como gatos estrangulados, como mujeres histéricas… Aquella vez, la última que estuve en mi casa, el banquete fue largo y paladeado.
De regreso...
Bueno, ya tenía bastante tiempo que no publicaba nada en este blog.
Quiero retomar el hábito de hacerlo, pues así mas personas podran estar en contacto conmigo.
Igual y no, pero no importa, de todos modos quiero hacerlo.
Para mi propio beneficio.
Seguiré subiendo cosas que puedan serles de interés.
En mi metroflog también hay algunas cosillas interesantes, esta es la dirección: www.metroflog.com/sauron1
Espero que ya sea en el metro o en este blog, encuentren algo que les sea util, y si no, pues por lo menos que lo que lean les sea agradable.
Recordemos que las mejores cosas de la vida, son las más sencillas
¡Así que disfrutemos de ellas!
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